Tortosa

La ciudad del
Renacimiento

Nos encantan los misterios, y el del pasado íbero de Tortosa no es menor. Si bien sabemos con certeza que los íberos decidieron establecerse en el punto donde hoy en día se levanta la ciudad, algunos historiadores se atreven a plantear que fue aquí donde construyeron la importante y enigmática ciudad de Hiberia. Tan clave habría sido esta ciudad para la península que de ella habría tomado el nombre, igual que lo haría el río Ebro, que en la época recibió el nombre de Iber. Pero la ibérica no es la única civilización que ha marcado la historia de Tortosa y la ha convertido en la sorprendente ciudad que es hoy. Durante la baja edad media, aquí convivieron cristianos, musulmanes y judíos en relativa harmonía y otorgándole el sobrenombre de La ciudad de las tres culturas. Aunque fue en el siglo XVI, con el Renacimiento, cuando la ciudad vivió su época de máximo esplendor y se convirtió en el centro artístico y cultural más relevante de la Catalunya del momento.

Es entonces cuando se construye uno de los conjuntos monumentales más especiales de la ciudad: Los Reales Colegios, que nacen con el objetivo de educar a los moriscos en la cristiandad. El conjunto está formado por tres edificios que conservan sus bellas portaladas: El Colegio de San Jaime y San Matías, con su patio cuadrado de influencia italiana único en Catalunya y adornado con un friso esculpido con los rostros y los escudos de los reyes y reinas de la Corona de Aragón; el Colegio de San Jorge y San Domingo, antigua universidad de la ciudad; y la iglesia de San Domingo, donde actualmente se puede visitar la exposición permanente sobre la historia de la ciudad y la Fiesta del Renacimiento.

Pero volvamos atrás en el tiempo para recordar que fueron los árabes quienes construyeron otro de los símbolos de Tortosa: el Castillo de la Zuda, levantado en el siglo X. Esta monumental construcción que vigila imponente desde la colina central de la ciudad antigua, ofrece unas vistas espectaculares, un paisaje que mucho ha cambiado desde que allí viviera Jaume I y del que pueden disfrutar quienes se hospedan en el Parador Nacional integrado en el castillo. No muy lejos, nos encontraremos con la Catedral de Santa María, una de las muestras más notables del gótico catalán y la tercera joya de la corona de la localidad.

Pero Tortosa reserva muchas otras propuestas de lo más atractivas, como son el Espacio Cota 0, unos yacimientos arqueológicos museizados donde recorrer 1.500 años de historia; el Palacio Episcopal, una verdadera joya del gótico civil; o el antiguo matadero municipal, un precioso edificio modernista convertido en museo y donde hoy en día se ubica también la oficina de turismo. Pero eso no es todo, en Tortosa nos encontramos con auténticos tesoros al aire libre, como pueden ser la judería, el museo de esculturas que son los Jardines del Príncipe, o el Paseo de las culturas, una instalación artística que repasa la vida y obra de 15 de sus ciudadanos más ilustres.

Una ciudad a caballo entre dos Parques Naturales

Aunque si hablamos de vecinos ilustres, no podemos olvidar mencionar aquél cuyo papel ha sido clave en el desarrollo de la ciudad y en su vínculo con el mar. Se trata del río Ebro, el verdadero responsable del carácter abierto, comerciante e integrador de Tortosa, un elemento indisociable a la personalidad del municipio y el espacio perfecto en el que disfrutar de un magnífico atardecer con un paseo en barco descubriendo la ciudad des del agua. Y es que, sin lugar a dudas, el río y su entorno es el principal espacio natural de la ciudad, ubicada estratégicamente entre dos Parques Naturales de gran singularidad y belleza. Se trata del Parque Natural del Delta del Ebro, con sus inmensos arrozales y declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO; y el Parque Natural de Els Ports. Ambos se encuentran unidos a Tortosa por el trazado de la Vía Verde, ideal para disfrutar a pie, a caballo o en bicicleta. Además, los amantes del cicloturismo encontrarán aquí el destino perfecto para disfrutar de su pasión, gracias a las 56 rutas que tienen en la localidad su punto de partida y que ofrecen opciones para ciclistas de todos los niveles.

Probablemente, la mejor recreación histórica del sud de Europa

Pero Tortosa ofrece además algo prácticamente imposible: la posibilidad de realizar un viaje al pasado, eso sí, sin máquina del tiempo. ¿Cómo lo logra? Pues gracias a sus Fiestas del Renaixement, una cita declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, y que cada mes de julio traslada de nuevo la población a su pasado medieval. Para hacerlo, más de 3.000 tortosinos se lanzan a las calles vestidos de época, músicos y artistas llegados de todos los rincones del mundo ocupan plazas y otros rincones con sus espectáculos, surgen paradas de artesanos y tabernas, y se recuperan recetas centenarias que inundan los rincones del municipio con su exquisito olor. En definitiva, un estallido de color, musical y gastronómico que hará las delicias de quienes la visiten.

Eso sí, el calendario festivo de la ciudad marca otras citas importantes. Destacaremos dos. La primera, El Setge de Tortosa, una recreación histórica escenificada en el patrimonio de la ciudad que, entre desfiladas, caballos, batallas, pólvora y la recreación de la vida civil y militar de la época, recuerda uno de los episodios bélicos más importantes que ha vivido: la del 8 de julio de 1708 en pleno conflicto de la Guerra de Sucesión. La segunda, las Fiestas de la Cinta, la fiesta mayor de la ciudad dedicadas a la Virgen de la Cinta y que llena a la ciudad de cinco días de actividad alrededor del primer domingo de septiembre.

Icono naturaleza

Naturaleza

Ruta 3 Reyes al natural

Icono mesa

Gastronomía

El sabor de la Ruta 3 Reyes

Fiestas y festividades

Fiestas de Interés Turístico Nacional y un intenso calendario cultural